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Es un museo que requiere estar atento a cada detalle ya que cada
objeto tiene detrás de sí su propia historia. Aquí se pueden
apreciar piezas emblemáticas de barcos de guerra y civiles que son
difíciles de ver en los museos, porque son muy preciadas por sus
capitanes, los cuales rara vez dejan escapar este tipo de botín una
vez sus barcos llegan al desguace. Por citar unas cuantas piezas, y
sin afán de ser exhaustivos, podemos encontrar un mascarón de proa
que conserva toda la magia de la aventura romántica del mar del
siglo XIX. También destaca la campana del destructor 'Sánchez
Barcáiztegui' de 1926. Y a su lado podemos ver un falconete del
siglo XVI, las anclas con más de 250 años de antigüedad, las
herramientas utilizados por los carpinteros de ribera o calafates,
la reproducción de una barca de pesca tallado en un grano de mijo de
dos milímetros, cuadernos de bitácora, metopas... y miles de páginas
firmadas por los miles de visitantes de todo el mundo que se han
acercado a este museo.
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